Eficiencia alimenticia y bajas emisiones de metano: el próximo reto de la selección genética
Un grupo de diez ganaderías de la provincia de Lugo viajó recientemente a Dinamarca, de la mano de Global Genetics, para conocer cómo trabajan cinco explotaciones lácteas de referencia en el país. A través de cámaras 3D sobre el comedero detectan a las vacas que comen menos para producir lo mismo.
La selección genética de vacas holstein se ha centrado en las últimas décadas en aumentar la producción y mejorar caracteres morfológicos y de salud para obtener vacas más longevas. El reto actual es incrementar su eficiencia alimenticia y reducir las emisiones de metano, un objetivo en el que las granjas danesas son la referencia.
Por ello, un grupo de 10 ganaderías de la provincia de Lugo han visitado recientemente cinco explotaciones lácteas en Dinamarca, en un viaje organizado por Global Genetics, para conocer de primera mano su sistema de trabajo.
El coste de la alimentación es uno de los principales gastos de las explotaciones lácteas, tanto danesas como españolas
Una de las paradas más destacadas del recorrido fue la granja Vejlskovgaard, propiedad de Claus Fenger, en Odder, donde la Universidad de Aarhus y Viking Genetics desarrollan desde 2020 un proyecto que mide individualmente el consumo de alimento y las emisiones de metano de las vacas. El objetivo es identificar a los animales más eficientes y trasladar esa información a la selección genética.
Genética, manejo y datos para decidir mejor
Aunque las cinco explotaciones danesas visitadas presentan modelos distintos, comparten una idea: la información individual de los animales es fundamental para mejorar los resultados. La producción, por sí sola, no basta para valorar la rentabilidad de una vaca; también importa cuánto alimento necesita, cuánto tiempo permanece en el rebaño, cómo se reproduce y qué problemas de salud presenta.
En este sentido, proyectos como CowFIT abren la puerta a incorporar la eficiencia alimentaria y las emisiones de metano a los criterios de selección genética. La posibilidad de medir estos parámetros de forma individual permite identificar animales que producen más con menos recursos y que, por tanto, pueden contribuir a reducir los costes de alimentación y la huella ambiental de la producción láctea.
El proyecto busca identificar a las vacas que dan la misma leche comiendo menos
Para las ganaderías gallegas que participaron en el viaje, la visita supone conocer de primera mano tecnologías y estrategias de manejo que pueden servir como referencia. La aplicación de cada una dependerá de las características de la explotación, de sus instalaciones y de sus objetivos productivos, pero el principio es común: medir mejor para tomar decisiones más precisas sobre cada vaca y sobre el futuro del rebaño.
Vejlskovgaard, un establo con diseño y tecnología de vanguardia

Vejlskovgaard es una moderna explotación láctea danesa situada en Odder, al sur de Aarhus, en Jutlandia oriental. En los últimos doce meses ha entregado a la cooperativa Arla 6,53 millones de kilos de leche, con una media de 13.803 kg de leche corregida por energía por vaca, con porcentajes de sólidos del 4,21% de grasa y el 3,89% de proteína.
Tres cosas distinguen a esta granja: una nave diseñada por arquitectos como modelo de la construcción ganadera del futuro, un proyecto de investigación que mide el metano y la ingesta de cada vaca para seleccionar animales más eficientes, y un rebaño con una reproducción que muy pocas granjas igualan.
Claus Fenger es la cuarta generación de la familia en Vejlskovgaard y dirige la explotación desde 2017. El rebaño, de 513 vacas Holstein, se completa con una recría de unas 500 novillas y terneras, y la granja trabaja alrededor de 450 hectáreas. El control lechero y el asesoramiento técnico corren a cargo de Viking Danmark.
Al estar diseñada sin pilares interiores, se facilita en movimiento del ganado y el trabajo con la maquinaria
La nave de vacas se inauguró en 2012 dentro del programa Fremtidens Landbrugsbyggeri (la construcción agraria del futuro), una iniciativa de la fundación danesa Realdania para mejorar la arquitectura de las explotaciones. El proyecto es del estudio LUMO Arkitekter y se pensó a la vez para el bienestar de los animales, el trabajo diario y la integración en el paisaje.
El edificio supera los 8.000 m² y se organiza en brazos que parten de una zona central. Su estructura salva 36 metros sin pilares interiores, lo que deja el espacio libre para los animales y la maquinaria. La cubierta alta y los lucernarios a lo largo de la cumbrera dan luz natural a toda la nave, y la ventilación natural renueva el aire de forma continua. Una plataforma para visitantes permite ver el trabajo diario sin entrar en las zonas de los animales.
Cámaras 3D para conocer mejor a cada vaca

En Vejlskovgaard, la tecnología forma parte del manejo diario del rebaño. La explotación cuenta con 513 vacas Holstein y unas 500 novillas y terneras, trabaja alrededor de 450 hectáreas y entregó más de 6,5 millones de kilos de leche en los últimos doce meses. La producción media se situó en 13.803 kilos de leche corregida por energía (ECM) por vaca y año.
Desde 2020, la granja participa en un proyecto de investigación de la Universidad de Aarhus y VikingGenetics que combina la medición individual de la ingesta con el registro de las emisiones de metano. Para ello, utiliza cámaras 3D instaladas encima del comedero y un analizador de gases que toma muestras del aire exhalado por cada animal. Cuando arrancó el proyecto, era una de las dos únicas explotaciones privadas del mundo con este equipamiento.
A medida que las explotaciones crecen, la vaca individual se diluye a nivel de rebaño, pero la tecnología permite conocer y tomar decisiones individualizadamente
El sistema CowFIT permite estimar la eficiencia alimentaria de cada vaca a partir de su consumo individual, mientras que el equipamiento de medición de gases registra el metano que emite. Al cruzar esos datos con la información genómica de los animales, Claus puede identificar cuáles producen la misma cantidad de leche con menos alimento y menos emisiones por kilo producido.
La clave es que la eficiencia deja de ser una estimación basada en el comportamiento general del rebaño y pasa a medirse vaca a vaca. Esa información puede utilizarse después para seleccionar animales más eficientes y transmitir esa mejora a las siguientes generaciones. “La genética tiene una ventaja sobre otras herramientas: lo que se mejora en una generación se hereda y se acumula en las siguientes”, argumenta.
¿Cómo funciona CowFIT?
Las cámaras 3D situadas sobre el comedero toman imágenes de las vacas para identificar a cada animal y registrar su actividad alimentaria. Mediante inteligencia artificial, las imágenes del lomo permiten calcular el peso y estimar la condición corporal de cada vaca durante toda la lactación, sin necesidad de someterla a pesajes manuales.
Un analizador de gases toma muestras del aire exhalado para cuantificar las emisiones individuales y relacionarlas con los datos de consumo y producción. La información individual se registra y almacena digitalmente para consultar los resultados y facilitar las decisiones de manejo y selección.
No sólo importa la producción; lo que come cada vaca es un dato relevante a tener en cuenta
Uno de los puntos fuertes de este tipo de tecnología es que permite obtener información de forma continuada sin alterar el comportamiento de los animales ni las rutinas de la explotación. El seguimiento diario del peso y de la condición corporal ayuda, además, a detectar cambios que pueden pasar desapercibidos en una valoración visual puntual.
Mejora de la reproducción

Para Claus Fenger, disponer de datos objetivos supone ahorrar tiempo y reducir los errores asociados a estimar “a ojo” la condición corporal de las vacas. La información también permite ajustar el manejo del rebaño y la alimentación a las necesidades de cada animal en las diferentes fases de la lactación.
“De este modo, te aseguras de cubrir los requisitos nutricionales de cada vaca en las diferentes etapas de la lactación, aumentando su producción de leche. Además, no necesito adivinar cuándo mis animales tienen un balance energético positivo y están listos para ser inseminados, reduciendo de este modo los costes reproductivos de la granja”, asegura.
En Dinamarca prácticamente no se sincronizan celos en ninguna granja
El seguimiento de la condición corporal resulta especialmente útil durante el inicio de la lactación, cuando las necesidades energéticas de la vaca aumentan con rapidez y pueden superar la energía que obtiene de la alimentación. Detectar cómo evoluciona cada animal ayuda a ajustar la ración, vigilar la pérdida de reservas y anticipar posibles problemas de salud o reproducción.
La primera inseminación se produce en torno al día 61 tras el parto
En Dinamarca prácticamente no se sincronizan celos en ninguna granja, sino que se trabaja con celo visto. En Vejlskovgaard la tasa de inseminación es del 72 %, es decir, 7 de cada 10 vacas que deben inseminarse en cada ciclo se inseminan, frente a la media danesa, que es del 49%. La tasa de preñez se sitúa en el 41 %, es decir, de cada 100 inseminaciones, 41 acaban en gestación, en línea con la media del país.
La recría es otro de los puntos fuertes de esta granja. Las novillas quedan preñadas a los 13,9 meses de media y la edad prevista al primer parto para los próximos doce meses es de 21,9 meses, tres meses antes que la media danesa (25,2) y que la media española (25 meses). Para ese periodo esperan 271 novillas preñadas.
Tres ordeños diarios

Las vacas se ordeñan tres veces al día y se manejan en grupos según el número de lactación: las primíparas forman su propio grupo, las vacas de segunda y tercera lactación otro, y las vacas adultas, de la cuarta a la séptima lactación, se reparten en dos grupos más. Cada grupo recibe así un manejo ajustado a su edad, y las primíparas no compiten con las vacas adultas en el comedero ni en los cubículos.
El arranque de lactación en los distintos grupos de edad es uno de los puntos fuertes de esta granja: en las primeras 24 semanas, las primíparas producen 37,6 kg ECM al día y las multíparas, 51,6 kg.
En el último año la granja produjo 530.000 kg de grasa y proteína, casi una tonelada por vaca
La información recogida en Vejlskovgaard también tiene una finalidad genética: identificar vacas capaces de mantener una producción elevada con un menor consumo y una menor emisión de metano por kilo de leche. El objetivo, por tanto, no es únicamente producir más leche, sino hacerlo con un uso más eficiente del alimento, mantener la salud de los animales y alargar su vida productiva.
Fuente: https://www.campogalego.es/

