La nutrición en la fertilidad bovina

La nutrición en la fertilidad bovina

  • 19 octubre, 2026

Dentro las fallas reproductivas en machos y hembras, las pérdidas originadas en los factores nutricionales pueden ser las de mayor importancia por sus efectos dañinos sobre el total de animales. Sin duda, las carencias o excesos nutricionales afectan a la totalidad del rebaño. Los problemas reproductivos de tipo individual (patológicos, endocrinos o infecciosos) pasan a un segundo plano, cuando los requerimientos nutricionales no son cubiertos adecuadamente. Así mismo, existen interacciones negativas entre nutrientes, en especial entre minerales, que llevan a desbalances nutricionales, pueden acentuar las fallas y generar mayores factores de ineficiencia en el manejo reproductivo en su conjunto (Saborío y Sánchez, 2017).

Por otra parte, Meléndez y Bartolomé (2017) indicaron sobre la discutible calidad de forrajes y alimentos usados en condiciones tropicales para la nutrición animal, llaman la atención por las sensibles alteraciones que puedan estar ocasionando. A la grave pérdida de eficiencia en la cadena de la energía que se observa en rumiantes, se suma, la carencia de fuentes energéticas de alto poder y bajo costo. Así, las supuestas ventajas energéticas que la energía solar en el trópico ofrece, pueden no ser tan fáciles de manejar. A las fallas en el manejo del componente energético, se agrega el desconocimiento de las nocivas consecuencias del exceso de compuestos nitrogenados sobre la salud reproductiva y sobre el equilibrio entre energía y proteína. 

El manejo nutricional se debe enfocar hacia una óptima producción de leche, sin descuidar la sanidad y la fertilidad del animal. Cuando se alimenta sólo para optimizar la producción de leche, la fertilidad se puede ver deteriorada.

Se sabe que las enfermedades en la lactancia temprana son una “mancha” en la vida reproductiva de la vaca porque las vacas que se enferman en las primeras semanas de la lactancia sufren una disminución en su rendimiento productivo y reproductivo. Un balance negativo de nutrientes que se ha asociado con una función inmunológica comprometida, lo que podría relacionarse con una mayor susceptibilidad a las enfermedades. Dos de las enfermedades clínicas más comunes en el ganado lechero son metritis y mastitis, ambas asociadas negativamente con el rendimiento reproductivo posterior (Santos et al., 2015).

Además, las vacas lecheras sufren los llamados trastornos subclínicos, tales como la cetosis subclínica y la hipocalcemia. El primero, por ser más una adaptación a la ingesta calórica inadecuada, se ha vinculado a la reducción de la fertilidad, pero, hasta la fecha, existe poca evidencia para establecer la relación de causalidad entre niveles elevados de cetonas y rendimiento. Una adaptación inadecuada a un aumento de las exigencias de calcio para la lactancia resulta en concentraciones subóptimas de Ca en la sangre y un mayor riesgo de enfermedades uterinas que perjudican la fertilidad. La hipocalcemia subclínica y clínica reducen el Ca citosólico ionizado en las células inmunes y compromete la inmunidad innata y, posiblemente, la inmunidad adquirida. Establecer métodos nutricionales y de manejo para minimizar la incidencia de las enfermedades en la lactancia temprana es una de las múltiples medidas para mejorar la fertilidad en un rodeo lechero (Santos et al., 2015).

Signos clínicos generales de nutrición inadecuada

Los signos generales de desnutrición en vacas lecheras incluyen pérdida de peso o condición corporal, disminución en la producción de leche, falta de apetito, languidez, pelaje opaco, y en algunos casos, signos nerviosos. También pueden presentar heces secas y, en casos graves, deshidratación y lesiones en la piel.

Signos específicos (Saborío y Sánchez, 2014):  

– Pérdida de peso o condición corporal: La vaca se vuelve más delgada, se pueden ver los huesos, y la condición corporal (evaluada por palpación) disminuye.
– Disminución en la producción de leche: La vaca produce menos leche de lo habitual, lo que puede ser evidente al ordeñar. 
– Falta de apetito o anorexia: La vaca no muestra interés por la comida o puede evitar ciertos alimentos. 
– Languidez o apatía: La vaca se ve sin energía, débil y pasiva. 
– Pelaje opaco o áspero: El pelaje de la vaca pierde brillo y se vuelve áspero o seco. 
– Heces secas: Las heces de la vaca pueden ser más duras y difíciles de pasar.
– Deshidratación: La vaca puede tener los ojos hundidos, la piel seca y sin elasticidad, y mucosas secas. 
– Lesiones en la piel: En casos más graves, la vaca puede desarrollar úlceras o lesiones en la boca, nariz o piel. 
– Signos nerviosos: En algunos casos, las vacas pueden mostrar signos como lametear constantemente, ceguera aparente o dificultad para levantarse. 

Efecto de los nutrientes esenciales sobre la fertilidad y producción de leche

Los aspectos nutricionales a considerar para optimizar la producción de leche y la fertilidad del ganado lechero son la energía, la fibra, la proteína, los minerales, las vitaminas y el agua de bebida (Meléndez y Bartolomé, 2017).

Se puede entender por energía, como aquellas reservas corporales a través del depósito de tejido graso en zonas anatómicas estratégicas, tales como la base de la cola, la zona de la pelvis y los procesos transversales de las vértebras lumbares y costillas del animal. Estas reservas de grasa se conocen como condición corporal, y su estimación se ha utilizado como una herramienta simple que permite evaluar la nutrición energética del animal. La más utilizada es la escala de 1 a 5, siendo el valor 1 para un animal demacrado, enflaquecido o incluso enfermo y el valor de 5 para un animal extremadamente obeso. Durante el ciclo productivo la vaca lechera debe parir con una condición corporal de 3.25 a 3.5 y no bajar a menos de 2.5 a los 60 a 90 días en leche. Si el animal pierde más de una unidad entre el parto y los 100 días en leche, se verá comprometida su fertilidad. La pérdida en condición corporla durante el postparto es un fenómeno normal, debido a que los requerimientos son mayores a los aportes ofrecidos por la dieta y al nivel de consumo de alimento del animal. Así, la vaca debe recurrir a sus reservas corporales para suplir la deficiencia dietaria y de consumo de alimentos. No obstante, si las reservas de energía al parto son bajas el animal no podrá expresar su máximo potencial productivo, y si es excesivamente alta (obesidad) el animal tendrá problemas de distocia, menor consumo de alimento y mayor incidencia de enfermedades metabólicas tales como hígado graso y cetosis. Después del pico de producción, la leche empieza a disminuir en forma paulatina, y el animal es capaz de consumir mayores cantidades de alimento. Así, la vaca comienza a recuperar la condición corporal que se perdió durante el postparto. Si la vaca se ha preñado se debe secar a los siete meses de gestación, para dar un descanso y preparación de dos meses a la glándula mamaria para la siguiente lactancia (Meléndez y Bartolomé, 2017).

La proteína es un nutriente que debe ser considerado tanto en cantidad como en calidad. Una vaca requiere proteína tanto degradable como no degradable en el rumen. La proteína es esencial para la producción de leche, ya que el animal requiere de aminoácidos esenciales para la síntesis de caseína y otras proteínas menores de la leche. Tanto la deficiencia como un exceso de proteína tienen un impacto negativo en la fertilidad del ganado bovino lechero. Una deficiencia va a afectar dramáticamente la producción de leche, pero también la fertilidad del animal. Un exceso de proteína también ha demostrado ser perjudicial para la fertilidad de las vacas en producción. Todo exceso de proteína es finalmente eliminado vía excremento o convertido en urea en el hígado del animal. La urea puede ser reciclada hacia el rumen del animal y reutilizada para la síntesis de proteína microbiana. No obstante, el exceso de urea podría ser tóxico para el ambiente uterino y oviducto, afectando tanto los gametos como el embrión, con la consiguiente reducción en fertilidad. Un exceso relativo de proteína también puede ocurrir cuando la dieta es deficiente en energía. Esto se va a traducir en mayores producciones de amonio ruminal y urea en el cuerpo del animal, produciendo el mismo efecto negativo. La nutrición proteica debe ser balanceada en calidad y cantidad, incluyendo el balance aminoacídico, y debe ir acompañada de un aporte energético suficiente para optimizar la síntesis proteica microbiana a nivel ruminal (Meléndez Bartolomé, 2017).

Los minerales son importantes componentes estructurales, de enzimas, y cofactores que permiten que el organismo funcione en forma adecuada, incluyendo los procesos reproductivos. Los minerales se requieren en cantidades absolutas y el principal obstáculo es conocer el porcentaje del mineral consumido que es absorbido y utilizado por parte del animal. En general los microminerales son más difíciles de balancear en condiciones prácticas de manejo nutricional y por ende se manejan en forma de premezclas, tanto añadidas a la dieta total como en comederos especiales donde el animal consume a voluntad. Los micro minerales con cierto rol directo en los procesos reproductivos son el Zn, Se, Cu, Co y Mn. En caso de deficiencias o excesos se han reportado casos de abortos, mortalidad embrionaria, anestro, y quistes ováricos. Al igual que los minerales, las vitaminas son nutrientes esenciales que se requieren en cantidades pequeñas. Las vitaminas A, D y E deben ser aportadas en la dieta porque el animal no las sintetiza; en cambio las vitaminas del complejo B y la vitamina C pueden ser producidas por los microorganismos del rumen, y por lo tanto, solo requieren ser aportadas en situaciones extremas de producción de leche. Las vitaminas A y E son muy importantes para los procesos reproductivos (retención de membranas fetales, mortalidad embrionaria, repetición de calores, etc.), sobre todo relacionado al estrés oxidativo que ocurre durante el periparto (Meléndez y Bartolomé, 2017).  

Efecto del estatus metabólico postparto sobre la reproducción

El estado metabólico postparto, algunas hormonas y ciertos factores de crecimiento tienen un rol fundamental sobre los procesos reproductivos de la vaca lechera. Concentraciones en sangre reducidas se han asociado con un rendimiento reproductivo reducido y una mayor presencia de enfermedades en ganado lechero. Seleccionar al ganado genéticamente por fertilidad, no hay una asociación directa con una mejora en el balance energético postparto de la vaca, a pesar de haberse encontrado diferencias en algunos metabolitos y hormonas, sugiriendo que el estado metabólico intrínseco dentro de la vaca es más importante que las diferencias observadas en su balance energético postparto. Así, se ha visto en ganado lechero que el IGF-I comienza a disminuir dos semanas antes del parto, y se acompaña con una disminución de la insulina e incrementos en los niveles de la hormona de crecimiento. Esta última, se asocia con una serie de cambios metabólicos en la vaca lechera, incluyendo una reducción en la sensibilidad de los tejidos a la insulina, incremento en la gluconeogénesis hepática y reducción del uso de glucosa en los tejidos, exceptuando la glándula mamaria. (Meléndez y Bartolomé, 2017).

El balance energético negativo en el postparto de la vaca lechera se asocia a una reducción en los pulsos de GnRH y LH, afectando el crecimiento, maduración y ovulación del folículo. Por otro lado, las vacas de alta producción tienen un mayor flujo sanguíneo y un metabolismo hepático más acelerado, que determina una desaparición más rápida de las hormonas reproductivas, afectando la calidad del ovocito y desarrollo del embrión. Además, la reducción en los niveles de estradiol, deprimen la expresión del celo y los de progesterona (P4) se asocian a mayor mortalidad embrionaria (Meléndez y Bartolomé, 2017).

Beneficios en la reproducción y productividad

Ofrecer bienestar a los animales no solo garantiza que estos vivan con calidad de vida, sino que también influye positivamente en la eficiencia productiva y el ambiente de trabajo, reduce pérdidas y costos, abre mercados y mejora la calidad del producto final. Uno de los pilares del bienestar animal es el manejo adecuado de cada especie, lo que también se aplica al de las vacas lecheras.  

El manejo adecuado de las vacas lecheras ayuda a preservar su salud y permite que estas expresen su comportamiento natural como especie, lo que las mantiene tranquilas y reduce el índice de lesiones y mortalidad. En este sentido, los cuidados de salud animal, reproductivos y de gerenciamiento del ganado marcan la diferencia (Martínez et al., 2016).

Cuanto más positivo sea el manejo de las vacas en el momento en que se realiza la inseminación artificial y durante los días posteriores, más eficiente es la productividad del rebaño. Se debe prestar especial atención al ambiente térmico del alojamiento de las vacas, ya que cuando hace más calor, hay más pérdidas embrionarias y errores a la hora de detectar el comportamiento del estro (Martínez et al., 2016).

Conclusión 

A pesar de que la fertilidad e infertilidad dependen de muchos factores y que no siempre están ligada al bienestar de las vacas, puede ser utilizada como un indicador indirecto de la falta de bienestar en el hato ya que es uno de los principales motivos de descarte prematuro de los animales. La fertilidad puede ser influenciada por la condición corporal, trastornos metabólicos, balances energéticos negativos, presencia de enfermedades, manejos generales y reproductivos ineficientes de las vaquillonas y de las vacas secas y, en lactancia, por estrés crónico y por causas de un nivel genético creciente. Muchas de estas causas tienen que ver con el buen manejo nutritivo, sanitario y general del sistema del hato y con el bienestar de las vacas. Estos problemas llevan a que se alarguen las lactancias de las vacas, afectando la producción total de leche. Las buenas prácticas son esenciales para brindar un nivel aceptable de bienestar animal y el aumento en calidad, eficiencia reproductiva, fertilidad y aumento de producción, lo que se verá reflejado en el incremento de ganancias económicas para los productores.

No se puede implementar un manejo adecuado de las vacas lecheras (o cualquier otro animal de producción) si las personas a cargo del cuidado del hato no están familiarizadas con las normas de bienestar animal y las particularidades de cada especie. Por eso, es fundamental que todos, tanto los dueños, los gerentes y cuidadores reciban la capacitación adecuada y cuenten con personal competente, experimentado, formado, así como capacitado y actualizado, para lograr un sistema de producción exitoso. 

Fuente: https://www.ganaderia.com/