¿Se puede reducir el metano que emiten las vacas lecheras? Lo que dice la ciencia en Chile
El metano que producen las vacas lecheras al digerir el pasto es uno de los principales gases de efecto invernadero de la ganadería. Una revisión de diez años de investigación chilena concluye que aún no existe una solución única para reducirlo, sobre todo en sistemas a pastoreo.
Nuestro país se está preparando para participar en la COP31 en Turquía (cumbre mundial anual organizada por las Naciones Unidas para discutir el cambio climático) y, a nivel local, se está trabajando en la actualización de la Estrategia Climática de Largo Plazo.
Ambos son hitos importantes para los que trabajamos en mitigación y adaptación al cambio climático. En estas instancias se discuten los lineamientos para la mitigación y adaptación de los sistemas productivos, entre ellos los del sector agropecuario, al cambio climático.
La ganadería genera gases de efecto invernadero que son emitidos a la atmósfera y que contribuyen al cambio climático, principalmente el gas metano de origen entérico.
El metano es producido, entre otras fuentes, durante la fermentación de alimentos del ganado rumiante. No obstante, esto ocurre al alero de la producción de alimentos de gran valor nutricional como son la leche y carne a partir principalmente de forrajes, contribuyendo a la seguridad alimentaria del país, y cumpliendo un rol preponderante para el desarrollo económico y social de las regiones, principalmente del sur de Chile.

Avances en investigación. En INIA Remehue investigamos para evaluar estrategias de mitigación de metano entérico que sean efectivas, factibles de aplicar y que no tengan un impacto productivo negativo. En este contexto, hace poco publicamos un artículo científico en el que se hace una revisión de la investigación chilena realizada durante la última década en mitigación de metano entérico.
El artículo hace un recorrido por los resultados de la evaluación de diversas estrategias nutricionales de mitigación de metano entérico con especial énfasis en aquellas que puedan ser aplicables a sistemas pastoriles. Algunas de las conclusiones del trabajo son que la mayoría de las estrategias que funcionan tienen efectividad moderada a baja y que todas presentan, hasta ahora, barreras para su implementación, ya sea por inaplicabilidad en los sistemas productivos, efectos colaterales indeseables, o costos elevados sin beneficios productivos.
En consecuencia, actualmente no existe una estrategia de mitigación de metano que sea la panacea, especialmente para sistemas pastoriles, aunque tampoco para sistemas estabulados. En este ejercicio de revisión, también quedó establecido que la problemática de emisiones de metano entérico es particularmente desafiante de abordar en sistemas pastoriles, donde la dieta y los animales tienen menos oportunidades de manipulación que en sistemas estabulados. Por otra parte, disminuir la intensidad de emisión (o emisiones por unidad de producto) a través de la intensificación y la mejora de la eficiencia productiva, si bien es deseable, no necesariamente implica reducir las emisiones absolutas o totales de predios individuales o del sector en su conjunto.

Percepción de la problemática. La forma en la que se percibe la temática del cambio climático y su relación con la ganadería por parte de productores, asesores, autoridades y estudiantes merece también una reflexión. A comienzos de la década de 2010, cuando comenzaban de forma incipiente los trabajos de investigación en mitigación de metano al alero de ANID mediante proyectos Fondecyt, la temática del cambio climático era poco conocida y la recepción por parte de los agricultores en actividades de difusión era distante. Si bien eran respetuosos del trabajo, se percibía que la temática les era ajena, lejana de la realidad de sus sistemas productivos. Sin embargo, no hace mucho, me tocó recibir en INIA a un grupo de ganaderos. Durante la discusión, uno de ellos me contó que era productor de carne desde hacía varias generaciones, actividad que ejercía con orgullo y que le había permitido sacar adelante los estudios de sus hijos. Ese año, una de sus hijas se había ido a estudiar a Santiago y había regresado a pasar las vacaciones de verano acompañada de dos compañeras de universidad. Las jóvenes visitantes eran vegetarianas, motivadas, según me relató, por su preocupación por el cambio climático y el bienestar animal. Terminó su relato pidiéndome información sobre cómo alimentar a sus vacas para que no contaminen.
El relato del productor me hizo darme cuenta de que el debate en torno al cambio climático había evolucionado. Pasó de ser un problema ajeno, lejano, propio de países desarrollados o con grandes sistemas ganaderos, discutido en las grandes capitales en esferas gubernamentales o políticas, a ser un tema contingente con potencial para afectar la forma de producción, los ingresos y posiblemente el modo de vida. Sin embargo, esta mayor preocupación convive con cierto escepticismo, particularmente entre productores que sienten que su actividad está siendo cuestionada por su contribución al cambio climático. Al mismo tiempo, las consecuencias del cambio climático se hacen cada vez más evidentes a través de cambios en la frecuencia e intensidad de las precipitaciones, sequías, heladas, incendios y tormentas, que afectan también a la agricultura y obligan a los productores a considerar medidas de adaptación.
De esta manera, la conversación sobre sostenibilidad ambiental ya está instalada en el campo y las preguntas y demandas de información han surgido. Esto plantea un desafío a la investigación para generar las respuestas y potenciales soluciones en el menor plazo posible. Al mismo tiempo, es necesario distinguir entre estrategias cuya efectividad ha sido demostrada científicamente y recomendaciones que aún no cuentan con evidencia suficiente, particularmente bajo nuestras condiciones productivas.
Para quienes viven de la ganadería y para los que trabajamos en la temática de gases de efecto invernadero, el debate sobre el metano no es una discusión desligada de la práctica y dejó de ser un tema exclusivamente científico. Hoy, esta temática forma parte de las preocupaciones y desafíos que enfrentan productores y consumidores, y que tienen implicancias para las nuevas generaciones. Nuestro desafío como investigadores no es solo desarrollar soluciones técnicamente eficaces, sino también contribuir con evidencia para que la toma de decisiones y el diálogo ocurran sobre bases objetivas y no sobre percepciones o prejuicios.
Fuente: https://www.diariolechero.cl/

